VOLVER A LA ESENCIA

El papel olvidado de la teoría cinematográfica


Volver a la esencia: el papel olvidado de la teoría cinematográfica

La intención de este artículo es compartir algunas reflexiones acerca de la importancia de la teoría cinematográfica, y de cómo volver a la esencia del arte nos puede ayudar a salir de la crisis teórica contemporánea. Pero empecemos con una pregunta: ¿para qué necesitamos la teoría cinematográfica si cualquier ser humano tiene una capacidad innata para apreciar el arte? ¿No es más profundo el contacto directo con la obra sin filtros analíticos, teóricos u otros factores que nos condicionen el visionado? No os voy a negar las objeciones, porque algo de razón hay en ellas. Pero también es cierto que este acercamiento inocente y virginal tiene sus limitaciones, como cuando escuchas una canción en otro idioma y te conmueve, pero no tienes ni idea de lo que dice la letra.

Un exquisito manjar

Aunque la metáfora es limitada, creo que puede ayudar a entender mi planteamiento pensar en la comida. Imaginemos que vamos a un restaurante de alta cocina, y nos sirven platos muy elaborados. Para el que únicamente busque una experiencia, disfrutará igualmente de los sabores aun sin tener ni idea, y podrá decir qué platos le han gustado más y cuáles menos. Pero no podrá pasar de ahí, y puede que incluso no sepa explicar por qué le han gustado. Sin embargo, alguien que sabe de cocina y conoce técnicas y recetas, a media que vaya probando cada plato, podrá identificar los ingredientes del menú, pensar cómo se han conseguido eso sabores nuevos mediante la combinación de alimentos, o incluso ir más allá, e asociar ciertas sensaciones a intuiciones que tiene sobre cómo los han cocinado. Puede que ambos hayan probado el mismo plato, pero los matices que ha captado el segundo, y la profundidad de su experiencia, no tiene nada que ver con la del primero. Es más, el segundo incluso podrá intentar replicar esos platos y técnicas por sí mismo. Pues algo parecido creo que pasa con el arte.

La simbiosis arte-teoría

No obstante, la importancia de la teoría va más allá de la propia experiencia subjetiva. Un público formado hace crecer al cine. Hay varios momentos en la historia de séptimo arte en los que se ha dado una alta correlación entre la calidad de las películas y la calidad de los críticos, analistas y teóricos de cine. Un gran ejemplo de ello es la modernidad, ese intento de recuperar la deuda con la realidad, el asombro ante la mirada... Las películas que empezaron este movimiento no se entienden sin un debate abierto con la teoría cinematográfica del momento. Las grandes revoluciones de la imagen de los años 60 y 70 no se entienden sin que una serie de pensadores (Walter Benjamin, André Bazin, Siegfried Kracauer…) hicieran un esfuerzo mayúsculo por entender la relaciones entre cine y realidad. La nouvelle vague nunca hubiera existido sin las bases teóricas de los Cahiers du cinema. Incluso me atrevería a decir que Antonioni, Fellini, Bergman o Godard nunca hubiesen llegado a ser lo que fueron sin una base teórica previa y en paralelo. Y ya no hablemos de Tarkovsky, que elaboró él mismo su propia base teórica. Sin embargo, igual que un crecimiento en los espectadores eleva, de la misma manera se puede deducir que la crisis del cine actual proviene en parte, o está acentuada, por la crisis teórica contemporánea.

La crisis del relativismo

En la actualidad, es común escuchar que ya no se puede hablar de una teoría del cine absoluta o exhaustiva, que lo englobe todo. Y, en parte, es cierto que ponernos a discutir sobre cuál es el elemento fundamental del cine sobre el que se tiene que construir todo (la fotografía, el guion, el tiempo, el montaje, el mensaje, el punto de vista…), o qué escuela o movimiento ha llevado el cine a su esencia más pura, son debates prácticamente estériles, teniendo en cuenta los ya 130 años de experiencia que tiene este arte. Pero, si bien es cierto que no se puede hacer una definición cerrada y hermética, eso no nos tiene que hacer tropezar en el relativismo actual, que desde una falsa libertad afirma que entonces todas las teorías son válidas. El cine es como la música, tiene varios instrumentos a su disposición, y una composición que utiliza una orquestra entera no tiene por qué ser mejor o más pura que un solo de piano. Pero todos los instrumentos tienen que estar afinados, y todos tienen que estar en sintonía, sonar en armonía. Por eso, aunque tienen su valor los estudios centrados en aspectos y elementos particulares del cine, no se tiene que perder de vista su sentido ontológico. Y también que el cine es un arte (y no una ciencia, una técnica, un medio sociológico o una perspectiva psicológica).

Volver a la esencia

El cine volvería a tener importancia ontológica si realmente creyéramos en ella. Si perdemos la fe en el arte, quedará profanado en mero entretenimiento. Profundizar de verdad en un arte requiere un esfuerzo y una apertura de espíritu que no todo el mundo está dispuesto a hacer. Por eso, la tendencia actual es a empezar siempre de nuevo con teorías que nieguen o rompan todo lo anterior. Y como estas nuevas teorías tampoco se sostienen, podrán salir otros teóricos desmontándolas, y así ya tendrán el chiringuito de hacer y deshacer castillos de arena asegurado hasta que se jubilen del mundo académico. Sinceramente, creo que frente a estas arenas movedizas a las que nos está llevando el relativismo, lo que nos puede salvar es volver a las ideas clásicas. Volver a las categorías de la Belleza, la Verdad y el Bien. Ver el cine como una epifanía, una manifestación de la esencia de las cosas, de la esencia de la realidad. Esto no es ser anticuado ni retrógrado, sino volver a la esencia del arte y construir sobre cimientos sólidos. Como lo hizo André Bazin, como lo hizo Andrei Tarkovsky (lástima que los dos profundizaron tanto en los abismos del misterio del cine que llegaron al cielo prematuramente). Y por eso me parece que sus dos obras capitales (¿Qué es el cine? y Esculpir en el tiempo, respectivamente) son unos potentes faros que nos permiten iluminar y juzgar ordenadamente el resto de la teoría cinematográfica. Solo desde la óptica del cine como arte se puede comprender bien, por ejemplo, qué es el lenguaje cinematográfico, y también las posibilidades de reinterpretar el lenguaje audiovisual, de saltarse las normas, para llevar el arte más allá de sus límites.

Cultivar la tierra para que dé fruto

«Por lo cual es preciso cultivar el espíritu de tal manera que se promueva la capacidad de admiración, de intuición, de contemplación y de formarse un juicio personal, así como el poder cultivar el sentido religioso, moral y social» (Const. past. Gaudium et Spes, 59). Todo esto requiere trabajo, incluso estudio. Las películas nos hablan, pero tenemos que ejercitar nuestra mente y disposición para entender su idioma. Como bien dice Jesús González Requena, “una película es un campo que uno explora, cuanto más profundas sean las herramientas que uno maneja, más profundamente puede penetrar en el corazón de esa película (más cosas puede decir sobre ella y probablemente con mayor precisión)”. De ahí la importancia que tiene la teoría cinematográfica. Por eso, profundizar en los grandes escritos sobre arte y sobre cine, nos puede ayudar a volver a la esencia, y así redescubrir con ojos nuevos y espíritu renovado lo sublime y bello que puede llegar a ser el séptimo arte.


Daniel
14/11/2025