LAS PROFUNDIDADES DEL MISTERIO

El verdadero conocimiento de la obra


Las profundidades del misterio: el verdadero conocimiento de la obra

Mi intención con este artículo es compartir algunas reflexiones acerca de las diferentes formas que tenemos de acercarnos y profundizar en una obra de arte, y tratar de entender qué es, o qué debería ser, un buen análisis cinematográfico. Para evitar la confusión en los términos, la diferencia principal entre una crítica y un análisis es que la primera está centrada en emitir una evaluación (estética, moral…) sobre una película, en términos generales, mientras que el segundo se centra en entrar en profundidad en aspectos concretos y detalles. Como se dice comúnmente, el crítico ve 10 películas de una vez, mientras que el analista ve 10 veces la misma película.

Las obras maestras

Antes de meternos en el meollo del asunto, creo que va bien cuestionarnos por qué es necesario realizar (o leer) un análisis de una película, si, por lo general, un espectador con buena disposición, y con las orientaciones de algunas buenas críticas, ya puede llegar a un contacto bastante profundo con la obra. Esto es cierto para la mayoría de los casos, sin embargo, esporádicamente aparecen películas que cambian por completo el paradigma contemporáneo, y abren un nuevo camino que habrá que discernir si vale la pena seguir por allí, y que se conviertan en obras maestras de las demás o conducen a un abismo sin sustento. Si nos centramos, por ejemplo, en el lenguaje cinematográfico, este está muy bien para leer las películas de la mayor parte de los directores (al menos de los que se preocupan un mínimo por la forma). Pero las obras maestras superan los límites del lenguaje. Ante una obra así, tenemos que superar nosotros también nuestros límites, y aprender a releer y reinterpretar ese lenguaje nuevo que propone la película, esas nuevas formas estéticas que nadie había mostrado hasta el momento. La obra maestra no es predecible en sus decisiones estructurales, nos lleva a un terreno desconocido. Genera una brecha en los límites del arte, nos hace exclamar “¡jamás pensé que esto podría ser rodado/contado/mirado/filmado/montado así!”. Y tanto un buen crítico como un buen analista están llamados a explorar ese nuevo camino, ver hacia dónde conduce, entender su recorrido, incluso intentar cartografiarlo. Pero, para eso, es necesario salir de nuestros mapas mentales y coger de nuevo un folio en blanco, crear una nueva imagen de ese medio fascinante al que llamamos cine, donde quepa ese nuevo sentido que emerge de la película. Lo fácil es descartar las películas que se salen de los cánones. Pero nuestro deber es descartar nuestro propio criterio para crear nuevos cánones en los que quepan estas nuevas obras maestras. Y sobre estas películas (o directores) es sobre los que hay necesidad de realizar y leer análisis en profundidad, para tratar de entender hacia dónde conduce ese camino, y ver si es una obra que tiene un peso suficiente para la posteridad.

Distintos tipos de análisis

El análisis fílmico no es una ciencia, por eso distintos análisis, según las herramientas que utilicen, pueden llegar a resultados contrapuestos. Un gran analista tiene que manejar el máximo de herramientas posibles, para llegar a una visión más rica y completa de la obra. Pero lo que está siempre prohibido es decir cosas que no están en la película, aunque vaya contra nuestras creencias, o por mucho que las haya dicho el director a posteriori. Hay gente que lo único que quiere es que las películas le den la razón. Pero el arte no está para darnos la razón, sino para entablar un diálogo. La película es un tablero de ajedrez que te plantea unas normas que hay que seguir. En un artículo de opinión nos podemos tomar libertades, pero cuando se trata de un análisis, no podemos mover las fichas como nos dé la gana. Podemos no estar de acuerdo con la película, podemos enfadarnos con ella e incluso marcharnos de la sala de cine (porque el fascinante universo que crea la película, que generalmente resuena constructivamente con nuestro interior, también se puede convertir en nuestro antagonista). Pero si accedemos a jugar la partida de la película, hay que entender las normas que plantea la película, el pacto narrativo que uno firma con el creador cuando se sienta delante su obra, y, a partir de ahí, organizar una lectura sensata con los márgenes de la película.

En una clase, Aaron Rodríguez Serrano (citando al libro Estética y semiótica del cine, de Lauro Zavala), explicaba que hay 4 posiciones desde las que podemos acceder a analizar una película, las cuales no tienen por qué ser excluyentes:

  1. Las teorías del lenguaje: lo que pretenden hacer es abrir las películas para ver cómo funcionan por dentro, es decir, como son sus procesos de significación. Ven las películas como entes autónomos y se acercan a ellas para saber cómo funcionan, qué tipo de respuestas configuran en su visionado, qué herramientas del lenguaje cinematográfico concreto dan al espectador para que juegue. La mayoría de estos analistas tienen una educación semiótica-narratológica.
  2. Las teorías del espectador (cf. El film y su espectador, Francesco Casetti): analizan las películas centrándose en el espectador, examinando qué respuesta posible se configura en él, pero siempre desde dentro de la película, sin salir del texto.
  3. Estudios extratextuales: estudios ideológicos, culturales, sociológicos, de la antropología del cine..., que desde fuera de la película, con otras herramientas que no son cinematográficas, deciden mirar la película, metiéndose a ver qué dice el contenido, sin bajar a la forma, ni al estilo, ni al lenguaje. Estos estudios, por lo general, tienen poco o nada que ver con el arte, y corren el riesgo de desvincularse completamente de la película, por no construir sobre sus cimientos, sino sobre aquello que el analista quiere encontrar. Como muy bien afirma Susan Sontag en su libro Contra la interpretación, “necesitamos críticos que trabajen la forma, no el contenido”, porque con un contenido cada uno puede decir lo que le dé la gana.
  4. Análisis de los procesos de creación: análisis económico, de rodaje, de la vida, obra y milagros del director... Estos no trabajan con la película, sino con lo que la rodea, también desde fuera. Sin embargo, una cosa es lo que diga el director y otra lo que está en la película, y no tiene por qué coincidir. Por eso en las teorías del lenguaje y el espectador, las declaraciones del director importan poco, y no tienen el papel absoluto que se ve en los estudios de los procesos creativos.

Sin perder de vista la fuente

Vista esta clasificación de los distintos tipos de análisis, tengo que decir que, a mí, por lo general, me parecen mucho más acertados los que parten de las teorías del lenguaje. Si bien recurrir a elementos externos a la obra a veces puede iluminar lo que en ella se encuentra, siempre se tiene que confrontar con la película, ya que una verdadera obra de arte es más que su autor (en cuanto a autor, no estoy diciendo que la obra material sea más que una persona humana), más que el espectador, más que sus procesos de creación o su contexto social. Al final, lo que queremos es beber de la fuente, por muy interesante que sea el mecanismo con el que se saca el agua, el lugar donde está situada o qué tipo de bebedores acuden a ella. El agua más pura se bebe de la propia obra, no de los charcos que la rodean. Pero me parece que todavía podemos ahondar un poco más, y mirar un poco más allá de lo que las teorías del lenguaje frecuentemente hacen. ¿Cuál es el manantial de donde brota esta agua pura y cristalina a la que llamamos obra de arte? ¿Por qué es capaz de saciarnos durante unos instantes esa sed de sentido, de belleza, de descubrir la esencia de las cosas? Para acercarnos a este misterio, tenemos que abrirnos al sentido ontológico del arte. Ese sentido que nos dice que el arte no es solo entretenimiento, no es solo algo incitante para el intelecto o los sentidos, que en la obra se está manifestando algo que resuena con lo más profundo de nuestro ser… Solo a la luz del misterio del arte se puede dar un verdadero acercamiento a la obra. Si no, nos quedaremos en un terreno pseudo-académico que nos dificultará conectar de forma sincera con la obra y complicará que nuestros textos ayuden a otros a conectar también con ella. Un verdadero análisis no puede olvidar la fuente y el sentido del arte.

Conocer de verdad una obra

«Estos días he comprendido claramente que existen dos modos de conocer. El primero, nos conduce a sumergirnos en las cosas y su contexto. El que conoce pretende penetrar, adentrarse en el objeto, convivir con él. El segundo modo consiste en aprehender, descomponer, clasificar, tomar posesión del objeto, dominarlo» (cf. Cartas del Lago de Como. La técnica y el hombre, Romano Guardini). Esta sorprendente y lúcida frase de Guardini nos recuerda que hay dos modos distintos de profundizar en una película. El primero, al que tenemos que aspirar, parte de ese conocimiento humilde y relacional, que es como «un reinar sirviendo, una creación conforme a las posibilidades que ofrece la naturaleza, que no franquea los límites impuestos» (cf. ibíd), y el otro, del cual nos previene, «no se detiene en la contemplación, sino que analiza. No se sumerge en las cosas, sino que se apodera de ellas» (ibíd). Con este espíritu humilde y fascinado tenemos que entrar en el universo que nos abre la obra de arte. Solo así se puede dar esa simbiosis que nos hace crecer a todos. «Pero, a pesar de tanto hablar de arte, son tan pocos los que tienen una relación auténtica con él. La mayor parte, ciertamente, sienten algo bello, y a menudo conocen estilos y técnicas, y a veces buscan también algo interesante por su materia o incitante a los sentidos. Pero la auténtica conducta ante la obra de arte no tiene nada que ver con eso. Consiste en callar, en concentrarse, en penetrar, mirando con sensibilidad alerta y alma abierta, acechando, conviviendo. Entonces se abre el mundo de la obra.» (Sobre la esencia de la obra de arte, Romano Guardini).

Como conclusión, creo que el fin de todo texto escrito sobre una obra de arte (ya sea una crítica, un análisis, un artículo de opinión, un estudio teórico...) debería ser ayudarnos a conocer verdaderamente la obra, entrar en un diálogo profundo y enriquecedor con lo que allí se manifiesta, que nuestra esencia conecte con la de la realidad representada. En resumen, ayudarnos a descubrir esa epifanía que se da en toda verdadera obra de arte.


Daniel
24/11/2025