NOTAS AL MARGEN DE BARBIE

Un diálogo antropo-teológico


Notas al margen de Barbie

Lo sé, han pasado casi dos años y medio desde el estreno de Barbie. De hecho, en su momento ya escribí una crítica de la película. Sin embargo, tras volverla a ver, me he dado cuenta de que en su momento fui un poco severo con ella, y eso me impidió percatarme de algunas ideas bastante profundas que contiene esta obra de Greta Gerwig que puede ser interesante analizarlas con un poco más de detalle.

La intención de este artículo es intentar desentrañar y dialogar con la visión antropológica, o incluso teológica, que presenta la película. Y antes de que abandonéis este texto pensando que he consumido algún tipo de seta rara para alucinar viendo la película, fijaros en este plano por un momento:

Paralelismo entre Barbie y la creación de Adán

Exacto, la referencia a La creación de Adán es evidente. De hecho, a mí fue esta imagen la que me abrió los ojos y me hizo ampliar la forma de ver la película. Ciertamente, me parece que en Barbie hay una reescritura de algunos pasajes del Génesis. Y poniendo a dialogar el relato bíblico con la película, podemos llegar a conclusiones muy interesantes.

Empecemos por buscar los paralelismos entre ambos (seguro que me dejo alguno, pero con los siguientes ya tenemos un corpus suficiente sobre el que trabajar). La película empieza en el mundo paradisiaco de Barbieland, ese Edén donde no existe ni la muerte, ni el dolor, ni el sufrimiento, y donde todos viven en armonía y no envejecen. Sin embargo, llega un momento en el que Barbie, nuestro Adán o nuestra Eva, según cómo se mire, es invadida por esa serpiente de pensamientos negativos, y tras un memento mori pierde la armonía original. Para poder remediarlo, debe salir del paraíso e ir al mundo real, el mundo de los humanos. No obstante, en esta excursión, en la que es acompañada por Ken, ambos se encuentran con el árbol del conocimiento del bien y del mal, ya que pueden contemplar lo que es un mundo quebrado por el pecado (en Barbiland no conocían el mal), y Ken decide traer la fruta prohibida a Barbieland, o dicho de otra manera, el pecado original, en forma de patriarcado tiránico. Bien, también tenemos dos apariciones de Dios, en forma de Ruth Handler, la creadora de Barbie, que finalmente le hace ver a nuestra protagonista que puede abrazar su imperfección, su humanidad, y volver a salir del Edén para vivir en el mundo real, aunque eso le suponga también sufrir (tener celulitis, por ejemplo), envejecer y, finalmente, morir. Y como dice el Génesis, ganarse el pan con el sudor de su frente y tener dolores de parto (de ahí que la última escena de la película sea Barbie yendo al ginecólogo). Aunque bueno, felix culpa que permitió que una Barbie entrara en nuestro mundo para restaurarlo.

Bien, ya hemos visto que hay ciertas rimas entre ambos relatos. Sin embargo, es todavía más interesante centrarse en sus diferencias. El relato bíblico difiere del barbiegénesis en algo fundamental: Dios crea a Eva porque el hombre estaba incompleto, y necesitaba una ayuda adecuada. No obstante, en Barbieland, Ken es un simple accesorio, depende totalmente de Barbie, lucha por acaparar su atención y nunca lo consigue. Pero, como afirma la película al final, Barbie es Barbie sin Ken. Es más, Barbie encuentra el sentido de su existencia sin él, y ahora Ken se las tiene que apañar solo para encontrar el suyo. Con esto ya podemos ver claramente que la idea antropológica de Greta Gerwig es de carácter individualista, y cada uno tiene que ser él mismo por sí solo y para sí solo, independiente de los demás. En cambio, la visión cristiana afirma que la misión que tiene cada uno en el mundo, la vocación, es una llamada al servicio, hacia los demás, y generalmente en equipo, mediante el matrimonio (también existe la vocación a la vida consagrada, pero ya me parece sobreinterpretar demasiado comparar a Barbie con este medio de vida). Bueno, aunque en lo que sí coinciden Greta y la teología cristiana es en que cada uno tiene que descubrir el sentido de su vida y su misión mediante el diálogo con Dios, o la creadora, Ruth Handler, como sucede al final de la barbiepelícula.

Barbie hablando con Ruth Handler

Ahora bien, seguramente habréis notado que he omitido deliberadamente el prólogo de la película. Sin embargo, para tener una visión completa de la antropología individualista de Gerwig, conviene tenerlo presente. En este caso, el paralelismo no es con el Génesis, sino con 2001: una odisea del espacio. Esta escena no es solamente una parodia genial de la película de Kubrick, sino que en diálogo con esta también nos quiere transmitir un nuevo mensaje. En 2001, la primera llegada del monolito implica el primer gran salto evolutivo, en el que los simios aprenden a utilizar los huesos como herramientas (y también como armas). En el caso de Barbie, la llegada de esta muñeca les hace descubrir a las niñas que, aparte de jugar a ser madre, también pueden jugar a ser cualquier cosa. Vamos, que en pocas palabras Greta está insinuando que, al “liberarse” de la maternidad, la mujer puede aspirar a cualquier meta. Llegados a este punto, creo que es sano plantearse si la evolución, o, como se dice hoy en día, el progreso, implica necesariamente romper con todo lo anterior. Yo, personalmente, pienso que progresar es seguir subiendo, y que bajar un escalón para subir otro diferente nos hace perder innecesariamente altura. Pero veamos cómo la propia película, aunque arranca demoliendo la idea de la maternidad, de forma consciente o inconsciente, sigue teniéndola presente.

El amanecer de Barbie

A partir de ahora, si bien el punto de partida seguirá siendo la película, para ampliar las reflexiones sobre los temas expuestos voy a añadir opiniones que no tienen que estar necesariamente reflejadas en ella. De entrada, me parece que el detonante que provoca que Barbie piense en la muerte, y todos los cambios posteriores que esto conlleva, no es otro que el entristecimiento de una madre que se siente rechazada por su hija adolescente. Es decir, que el verdadero drama parte de una brecha en la relación materno-filial. Y precisamente, cuando se empieza a restaurar esta brecha, cuando madre e hija se unen para levantar el ánimo de Barbie y acabar con el patriarcado de Ken, es cuando las cosas empiezan a ir mejor en Barbieland.

Bien, partiendo de aquí podemos ver cómo hay un factor importante de la felicidad (o infelicidad) de la mujer que depende de su relación materno-filial (podríamos extrapolarlo también al caso del hombre, pero para mantener la línea de la película, sigamos por ahora con el caso femenino). Y aunque en el prólogo de la película el acceso al resto de metas humanas pase por destruir primero la maternidad, al final, la misma película acaba reconociendo que “una mujer puede ser madre y presidenta o solamente madre o no ser madre y sigue siendo mujer”. Aunque en esto, por otros comentarios, la película es lo suficientemente ambigua como para que se puedan llegar a conclusiones equivocadas. Aun así, para mí, uno de los momentos más emotivos ha sido el abrazo entre la madre y la hija tras la votación en el Barbieparlamento.

Abrazo mader e hija en Barbie

Ahora bien, si bien la propia película aún puede salvar la maternidad a pesar del individualismo gerwigniano, todavía queda ver qué hacemos con los Kens. Porque en el Génesis, Adán y Eva son expulsados juntos del paraíso, pero, en Barbie, Ken se queda solo en Barbieland mientras ella se va con los humanos. Y Barbie se lo deja bien claro: no lo necesita, no lo ama; Ken debe buscar su forma de existir él solito. Y aquí es cuando me parece que la antropología barbiecentrista debe ponerse, cuanto menos, en duda. De entrada, hay que reconocer que es muy acertado el comentario que Barbie le dice a Ken de que tiene que definirse por quién es y no por lo que tiene. Por supuesto que las posesiones tienen poco o nada que ver con lo que realmente somos. Pero eso no implica que nuestra relación con otras personas no tenga nada que ver con nosotros. Por ejemplo, la identidad de una persona está estrechamente relacionada con la familia donde ha nacido, especialmente con sus padres. Y hablando de forma más genérica, sinceramente, creo que la verdadera femineidad no se puede entender aislada de la masculinidad, y viceversa. Qué es un hombre y qué es una mujer son dos preguntas que se tienen que responder simultáneamente. No porque sean opuestas o antónimas, sino porque, debido a su maravillosa complementariedad, la luz que arrojemos sobre un género ilumina la respuesta acerca del otro. Descubrir la verdad sobre qué es una mujer nos lleva a descubrir la verdad sobre qué es un hombre. Porque, de hecho, profundizar en esta pregunta no es otra cosa que tratar de entender qué significa ser humano, ser una persona. Y aquí es donde el Génesis le da un repaso de campeonato a Barbie. Quizás es por eso que la película tampoco acaba de abordar la pregunta sobre qué significa ser humano, y cuando Ruth le pregunta a Barbie si lo entiende, la película evade la cuestión con unas cuantas imágenes bonitas y emotivas de personas felices, como si eso lo explicara todo. Barbie llega a una respuesta sobre qué es una mujer totalmente independiente de lo que significa ser un hombre y, por lo tanto, totalmente desvinculada de qué es ser humano. Es una respuesta de juguete, que para el mundo idílico de Barbieland puede funcionar de maravilla, ya que no existe ni el dolor, ni la muerte, ni el amor, ni la fe, ni la familia, ni la maternidad (por eso la Barbie embarazada es rechazada en todo momento), ni ninguna de todas esas complejas preguntas que nos hacen humanos. En definitiva, la barbieantropología individualista es más bien una muñecología, porque de antropo tiene poco.

Barbie admira la belleza de una anciana

Aunque todavía podemos abrir un poco más el melón antropológico. Creo que todos podemos estar más o menos de acuerdo en que la capacidad de amar es algo que nos define como seres humanos, ya que el amor, al igual que la inteligencia, son aspectos prácticamente exclusivos de los seres humanos que no están presentes en otras especies terrestres (junto al amor-caridad también podríamos añadir aquí la fe y la esperanza para completar la tríada, aunque para no extenderme demasiado, mejor dejamos esto para otro artículo). Entonces, si el amor es lo que nos hace humanos, ¿cómo encontrar el sentido de nuestra vida de forma individual? En esto la doctrina cristiana es muy transparente: hemos sido creados por amor y para amar. Y amar es lo que nos conecta realmente con los demás. ¿No estamos perdiendo lo más sustancial que hay en nosotros si buscamos una definición de qué es una mujer, o qué es un hombre, aislada de la capacidad de amar? Sería buscar una respuesta al margen de nuestra humanidad... Creo que cualquiera que ha amado y se ha sentido verdaderamente amado por una persona, coincidirá con que parte del sentido y el propósito de su vida pasa por esa persona, que no se imagina su existencia sin esa relación, sin esa alteridad que le hace ser verdaderamente él o ella misma. Y no me estoy refiriendo exclusivamente a las relaciones románticas. Ese otro puede ser también la familia, un amigo o amiga, o incluso la relación con la divinidad (con Dios). El fallo fundamental de la "antropología" de Barbie es que, al aislarnos del otro, nos aísla de nuestra humanidad.

El amor es lo que nos hace humanos

Bueno, podríamos seguir dándole vueltas al asunto. Pero me parece que llegados a este punto ya hemos puesto varias fichas sobre la mesa con las que el lector podrá jugar sobre el tablero de Barbie, y así dialogar con esta obra de arte y enfrentarse a la pregunta fundamental que plantea la película: «¿Quién soy yo y para qué he sido creado?». Así que dejemos de utilizar esta película para generar enfrentamientos y división entre hombres y mujeres, y dispongámonos a trabajar juntos para descubrir los fundamentos de nuestra vida y nuestra humanidad, y así dejemos de ser Barbies y Kens de juguete para ser hombres y mujeres de verdad.


Daniel
29/12/2025



P.D: Os dejo por aquí algunos planos de Barbie que me han parecido que son referencias directas a otras películas, a ver si adivináis de cuáles.