Crítica Volveréis: ¿disparate lúcido u obra maestra descabellada?
La película de la que voy a hablar hoy es de esas que se encuentra en esa fina línea en la que no sabes si lo que has visto es una obra maestra o un disparate de un director que se lo ha pasado pipa haciendo lo que le da la gana. Porque Volveréis de Jonás Trueba me ha gustado muchísimo, pero es una película tan libre y arriesgada que realmente me cuesta mucho juzgarla de forma objetiva.
Para empezar, el punto de partida del argumento ya es tremendamente original e ingenioso. Una pareja, Ale (una magnífica Itsaso Arana) y Álex (genial actuación de Vito Sanz, toda una reencarnación de Woody Allen), que aparentemente están bien, deciden separarse y hacer una fiesta para celebrarlo. Vamos, como una boda, pero al revés. Ya solamente esta idea da muchísimo juego. Por ejemplo, es divertidísimo ver cómo hacen todos los preparativos para la celebración, se prueban trajes y vestidos, buscan el piso donde tendrá que vivir uno de los dos (pero todavía sin saber quién, por eso buscan juntos uno que les guste a los dos), hablan con los amigos y familiares para invitarles… Todo esto funciona a la perfección por contraposición con lo que sería preparar una boda.
Pero si Volveréis se quedara solamente en una buena idea, tampoco estaría tan alejado del cine convencional. Lo que realmente la eleva a un terreno totalmente distinto es que es puro metacine. Porque Ale es directora de cine, y está acabando de montar una película sobre lo que sucede en su vida. Vamos, que ha rodado la misma película que estamos viendo. Y por si fuera poco, Álex es actor y también aparece en la misma película, interpretando un papel sobre él mismo. En definitiva, que no hay fronteras entre los actores y sus personajes, entre la película que están montando y la que estamos viendo. Y esta idea es genial, porque pueden estar hablando sobre la película y realmente te están hablando sobre sus vidas, y viceversa. De hecho, hay un momento en el que Ale pregunta: “¿Pero hemos venido a hablar de la película, no?” Y alguien le responde: “Pero es un poco todo lo mismo”. U otro momento en el que preguntan: “¿esto es tuyo o del personaje?”. Maravilloso. Pocas veces he visto tanta frescura y tanto juego metacinematográfico, y todo revestido de un tono pseudocómico. Porque a pesar de que las referencias son constantes, la película respira libremente. También de vez en cuando va dejando caer algún que otro movimiento de cámara torpe, o del típico reencuadre de antes de empezar una escena, para que no pierdas esa sensación de que todo esto es cine. La banda sonora también me ha parecido que estaba un poco fuerte de más, no sé si de forma intencionada para dar ese toque amateur.
Pero si hay una escena que es realmente ingeniosa, es cuando Ale proyecta la película a una parte del equipo que ha participado en ella y posteriormente tienen un coloquio sobre la misma. Esta escena es tremenda, porque tienes a los personajes hablando tanto de los personajes como de los problemas y virtudes de la propia película que estás viendo. Por ejemplo, uno va comentando que la película es larga, repetitiva, que va avanzando por acumulación, que no es una película circular (aquellas que desarrollan un discurso) ni lineal (las que se adentran en terreno desconocido para plantear interrogantes), sino una cosa muy distinta… Es como si el director te estuviera contando la propia película que estás viendo. Sencillamente fantástico. Y esta escena la acompaña con unos movimientos de cámara bruscos y erráticos. Vamos, que realmente hace lo que le da la gana, pero funciona de maravilla. Igual que cuando al cabo de una hora de película aparece un frame con la frase “y aquí puede aparecer el título”.
El momento climático de la película llega con una escena en la que Álex le pide a Ale que le ayude a grabar una separata (una escena aislada del guion). Aquí es magnífica la rima total que se da entre lo que están interpretando y lo que están sintiendo los personajes. Es realmente conmovedora esta escena.
Pero la puesta en escena de Volveréis también está bastante trabajada. Por ejemplo, sobre todo al principio, vemos referencias constantes en el plano de elementos que aíslan a un personaje del otro, que los separan, líneas verticales que parten (con ventanas, puertas, armarios), movimientos dentro del plano en direcciones contrarias, alturas dentro del plano totalmente distintas… Visualmente, también es muy bonita la escena en la que hablan con los vecinos por la ventana, y vemos a los vecinos de en frente hablar los dos desde la misma ventana, mientras que Ale y Álex están cada uno en una ventana distinta. Son pequeños detalles que lo dicen todo. También hay elementos simbólicos, como las señales de prohibido que sobreabundan en la carretera, o, por ejemplo, la escena en la que Álex llama a su madre para contarle lo de la celebración del divorcio, y él está en un museo de ciencias naturales con el esqueleto de un dinosaurio detrás. Por último, los colores del fondo de los decorados prácticamente siempre combinan muy bien con la ropa de los personajes.
Pasando al tema de la película, tengo que decir que Volveréis tiene una profundidad mucho mayor de la que aparenta a primera vista. Al nivel de Las chicas están bien, de Itsaso Arana. Aunque aparenta ser una comedia metacinematográfica, igual que pasa con las películas de Woody Allen que tienen un estilo similar, encierran verdades muy profundas. Hay un momento en el que los protagonistas están hablando de una película que han visto, y uno de los dos comenta: “parece una comedia, pero es un drama total sobre la crisis de los 40 y un elogio al matrimonio”. Pues realmente, creo que esta frase define bastante bien lo que vemos en Volveréis. Esto es opinión personal, y quizás hay gente que lo percibe distinto. Pero aunque esta película se vista de sátira a las rupturas dolorosas y de una celebración del fin del matrimonio, en su interior nos muestra a un matrimonio que, tras ponerse a trabajar juntos en la idea de separarse, vuelven a encontrar el amor en ese colaborar y pasar tiempo juntos. El amor repetición, que leen los protagonistas en un libro al final: “el amor repetición es en verdad el único dichoso, porque no entraña, como el del recuerdo, la inquietud de la esperanza, ni la angustiosa fascinación del descubrimiento, ni tampoco, la melancolía propia del recuerdo. Lo peculiar del amor repetición es la deliciosa seguridad del instante.” Si bien un amor sincero y generoso es capaz de crecer y redescubrir a la otra persona en cada nueva etapa de la vida (porque las personas cambiamos constantemente), es bonita la idea de ese amor que no busca cosas extraordinarias, que se puede vivir en la cotidianeidad y en las cosas sencillas del día a día. Porque amar es elegir amar, es decidir entregarse a una persona, cuando las cosas van bien y cuando van mal, en la novedad y en la rutina, en la fascinación inicial y en la calma del paso del tiempo. Y me parece que todas estas ideas pueden surgir a raíz del visionado de la película. Es por este motivo que, a pesar del tono de comedia, que ciertamente me ha mantenido la mayor parte de la película con una sonrisa en la cara, también me ha emocionado profundamente.
Ya por último, también me ha parecido bonito el momento en el que encuentran la tumba de Truffaut. Y realmente esta referencia no está mal tirada, porque la libertad y el estilo propio que fluye en Volveréis tiene cierto paralelismo con la Nouvelle Vague, y la verdad es que últimamente están surgiendo muy buenas películas españolas que se podrían adherir a esta nueva ola metamoderna. Pero bueno, este es un tema aparte que daría para mucho.
Ya para cerrar, dos anécdotas (que os aseguro que son ciertas). La primera es que esta película la vi justo el día 23 de septiembre, es decir, el mismo día que termina la propia película. Y la segunda, es que justo ahora que estoy terminando de escribir la crítica mientras vuelvo del trabajo en el tren, me acabo de dar cuenta de que a mi lado hay un señor leyendo un libro de Jonás Trueba (aunque se ha quedado dormido, no debe ser demasiado interesante). Mira que hay poca gente que lee libros sobre cine en este mundo. Pero que encima esté leyendo un libro del mismo director que estoy escribiendo una crítica, y que encima es un director relativamente poco conocido… Quizás es que yo también estoy metido dentro de una película, y no hago más que seguir las líneas de un guion. Pero vamos, todo apunta a que hay algo metacrítico en esto que escribo que quería que publicara sí o sí esta crítica.
Daniel
29/09/2025
