LA VOZ DE HIND

Una llamada que clama la paz


Crítica La voz de Hind: una llamada que clama la paz

Se le suele atribuir a Stalin la frase de “una muerte es una tragedia, pero un millón de muertes es solo una estadística”. Vivimos en un mundo hiperconectado, en el que recibimos noticias de muertes y guerras a diario, donde los periódicos y telediarios nos bombardean con imágenes de dolor y sufrimiento, pero normalizándolo, sin darle gran importancia, ya que cuando encuentren otra noticia más llamativa e impactante, esta sustituirá a la anterior, que quedará en el olvido. Por eso necesitamos películas que huyan de estas cantidades sensacionalistas y nos aterricen en casos concretos, que nos devuelvan la sensibilidad al corazón para que podamos ver, tocar y comprender el verdadero sufrimiento por el que pasan tantas personas a diario.

Pocas películas han conseguido removerme de forma tan fuerte, y a la vez enfrentarme a un dilema de tal magnitud, como lo hace La voz de Hind. Porque el punto de partida ya es magistral: escuchar la historia real de una niña de 6 años atrapada en un coche bajo fuego en Gaza. Pero sin mostrarnos los hechos, situándonos en todo momento en la sala de llamadas de emergencia de los voluntarios palestinos de la Media Luna Roja. Y por si esto no fuera suficientemente desgarrador, la película nos confirma ya desde el principio que los audios que escuchamos de la niña son las grabaciones reales (obligatorio verla en versión original, ya que de lo contrario, la película perdería su sentido ontológico).

Os tengo que advertir que es una película fuerte. No hay ninguna imagen explícita, ya que no salimos de la sala de los servicios de emergencia, y esto hace que, a pesar de la tragedia, la narración sea más soportable, pero la historia es dura, y el uso de audios reales redobla la fuerza y el dramatismo de esta. Se me ponía la piel de gallina cada vez que escuchaba la voz de la niña. La película tiene el propósito de hacernos sangrar, y lo consigue con creces. Está realmente bien construida, bajo el género de un thriller dramático a presión, que va cargando cada vez más de tensión a los pobres voluntarios que se ven impotentes e incapaces de actuar ante la barbarie que está sufriendo la niña. Y a medida que gritan los minutos, ella también va siendo cada vez más consciente de su situación, de lo que sucede a su alrededor y del futuro que le espera. Porque este es el mensaje que carga la película, esta es la realidad que nos quiere subrayar: la guerra es siempre cruel, y afecta de forma todavía más atroz a los seres más inocentes, los niños.

Otro gran acierto de la película es la personificación de la víctima. Es dolorosamente impactante que nos vaya acercando a la niña, que sin verla la vayamos conociendo, a base de pequeños detalles, de lo que va explicando, alguna foto, las llamadas de algún familiar… La película realmente consigue hacernos interlocutores de esa llamada, que sintamos su voz, que suframos la espera, que la queramos y que notemos que es nuestra responsabilidad salvarla…

El que esté rodada enteramente con una cámara en mano súper inestable y que se mueve constantemente también echa leña a esta hoguera de tensión que pretende hacer arder nuestro corazón hasta las cenizas. Y el abuso de Primeros y Primerísimos Primeros Planos (acercar mucho la cámara al rostro de los personajes) nos impide escapar de ella. El guion está muy bien construido, y me ha sobrecogido el recurso que utiliza a mitad de película, que no voy a desvelar para no destripar nada. Aunque si tengo que sacar alguna pega, hay un momento al final en el que dos voluntarios (hombres) se ponen a jugar a un juego de móvil (de guerra) que me ha parecido patético e inverosímil. Supongo que esto está tirado con una intención crítica, pero me parece que no tiene ningún sentido que, en un contexto de guerra, y más con la tensión y el dolor que llevan los personajes encima, se pongan a jugar a pegar tiros y matar. En el tramo final, también utiliza un recurso innovador que nos muestra un móvil grabando a los personajes, donde en la pantalla del móvil vemos a las personas reales que estuvieron en la sala de llamadas y fuera del teléfono a los actores actuando, a la vez que va alternando las voces reales con las voces de los actores mientras la cámara enfoca a unos u otros. Esto, si bien no tengo claro si me acaba de funcionar o no, está bien para subrayar que estamos ante una historia real.

Antes de pasar al final, me gustaría hacer una pequeña reflexión acerca del uso de los audios reales. André Bazin decía que la imagen cinematográfica no cuenta por lo que añade a la realidad, sino por lo que nos revela de ella. Y ciertamente el uso de estos audios en una película tan bien construida como La voz de Hind resalta de forma más patente la crueldad y el dolor de la situación que nos cuenta. Pero también es verdad que este hecho convierte a la película en una hija mestiza del cine y el documental, ya que estos audios no fueron grabados con fines artísticos. Y con este dilema es con el que he tenido que pelear durante toda la película. ¿Funciona? Por supuesto que sí, el impacto que tienen estas grabaciones es lo que le da toda la fuerza y gravedad a la película. Sin embargo, ya no estamos ante algo puramente cinematográfico, porque ni representa la realidad (como las películas de animación) ni la reproduce (como un rodaje planificado), sino que directamente la muestra, de hecho, sin el consentimiento de la víctima (espero que sí el de sus padres). Y en esto es donde aparece el dilema ético. Si la película hubiera mostrado imágenes de violencia real, mi conciencia hubiera saltado, y seguramente habría dejado la película. Pero el caso del audio me parece más complejo. En el caso de un audio pornofónico, por ejemplo, la moral me hubiese advertido de la falta de pudor que hay en exponer la intimidad de esa manera. Sin embargo, en el caso del sufrimiento y la violencia audible, también hay una falta de pudor emocional, pero en el caso de La voz de Hind me parece que está mostrado con pleno respeto. No hay ningún fin económico ni de entretenimiento. Hay una apuesta por un mensaje que debe llegar al corazón, un grito desgarrado y desgarrador que surge entre la barbarie pidiendo ayuda, un clamor que implora la necesidad de que nuestra sociedad burguesa y aburguesada abra los ojos ante el sufrimiento ajeno. Así pues, si bien no acabo de ver claro que el fin pueda justificar los medios utilizados por la película, creo que esta mezcla supone un gesto estético importante y, por mi parte, a pesar del dilema ético, me posiciono a favor.

Por último, me gustaría comentar también el epílogo de la película (spoilers a partir de aquí). En este, aparece el dilema de si era necesario terminar con imágenes documentales de cómo quedó el coche (es de agradecer que hayan censurado los cuerpos muertos), de la madre y el hermano de 3 años de Hind, y terminar con un vídeo de la niña jugando feliz en la playa. A mí ciertamente esta parte me ha acabado de romper, me ha dolido como si la muerte de mi hija se tratara. Si las grabaciones reales ya eran un recordatorio constante de que estás ante hechos reales, este final no te deja escapatoria posible. Con estas últimas imágenes, la película cobra una fuerza dramática descalabrante, puede que incluso excesiva. Yo ciertamente he agradecido que termine con esta gravedad, que remache su mensaje hasta la arteria más profunda y, sobre todo, que enfatice que esto no es solo una película. Pero también reconozco que este dolor puede ser excesivo para algunos espectadores, y que el uso de material documental puede incluso ser considerado como jugar sucio con el espectador. Pero la guerra es cruel, y los artistas también tienen que usar sus armas para combatirla. Ojalá algún día nos demos cuenta de que la guerra es el fracaso más absoluto del ser humano como civilización, y que está en manos de todos el revertir esta situación.


Daniel
28/01/2026