LA ODISEA

Volver al mito, un viaje de la culpa a la esperanza


Crítica La Odisea: volver al mito, un viaje de la culpa a la esperanza

Había una vez un chico de 16 años que en 1986 vio por primera vez un documental grabado en IMAX en el Museo de Ciencia e Industria de Chicago, y eso sembró en su mente una obsesión que le ha llevado 40 años más tarde a grabar la primera película enteramente en IMAX analógico de 70 mm. Y si bien esto supone todo un prodigio técnico, la mala noticia es que hay apenas 40 cines en el mundo capaces de proyectar en este formato, y ninguno está en España. Así que la mayor parte de los mortales nos vamos a tener que conformar con ver la película con la imagen recortada, y no con la versión definitiva que pensó Christopher Nolan (con relación de aspecto 1.43:1). Seguramente alguno estará pensando, ¿y qué me importan a mí estos aspectos tan técnicos? Pues la respuesta es simple: para que sepáis que seguramente veréis una versión de la película a la que le faltará un cacho por arriba y otro por abajo. Así que, por lo menos, aseguraos de que vuestro cine reescale la película a IMAX digital (1.90:1) y no a formatos todavía más panorámicos que recorten aún más la imagen.

La Odisea - Comparación de formatos


Bueno, después de aclarar la flipada que se ha pegado Nolan con el formato, pasemos a hablar de la película. Como todo el mundo sabe, cada estreno de Nolan es un evento en sí mismo. Pocos cineastas consiguen que la gente vaya al cine no tanto por la película en sí, sino por el director que hay detrás. Y si a eso le sumas la libertad absoluta que tiene Nolan en la industria (por el simple hecho de que sus películas funcionan de maravilla en taquilla, como bien ha vuelto a demostrar el que en su primer fin de semana La Odisea ya ha recaudado 264 millones, cuando costó alrededor de 250), el resultado es un director que tiene el control absoluto sobre su obra. Y por este motivo basta con ver un minuto de cualquier película de Nolan para reconocer la huella de su director, da igual que te esté hablando de un superhéroe, una aventura de ciencia ficción o un relato bélico, histórico o mitológico. Nolan siempre es Nolan.

Y por ser siempre Nolan, La Odisea viene impregnada de las virtudes características de este director. Las podríamos dividir en tres ejes. El primero es la imagen, que tiene un trabajo tremendo a nivel de puesta en escena y que reviste cada plano de una fuerza portentosa. Es cierto que aquí ha rebajado un poco los subrayados, lo cual para mí es una mejora. Pero igualmente sigue cuidando con delicadeza la luz, el color, las texturas y elementos del plano…, pero sin hacerlos tan estridentes. Y eso le lleva a una muy buena construcción de atmósferas, destacando sobresalientemente la escena en ese Hades oscuro, nebuloso y sin horizonte, o la puesta en escena de terror de la llegada del cíclope. ¡Ojalá Nolan se anime algún día a hacer una película de terror! El segundo eje es el uso del sonido y la banda sonora. A pesar de que Nolan le pidió a Ludwig Göransson que no usara una orquesta (porque no existían en la Antigua Grecia), el sonido redobla la fuerza de la imagen, y si vuestro cine tiene una buena calidad de audio, veréis (con las orejas) que se escucha fuerte y nítido. Por supuesto que tiene las típicas escaladas en tensión sonora, como si de un tráiler se tratara, que se estiran hasta el infinito y más allá y te suben el ritmo cardiaco hasta límites insospechados. Pero bueno, Nolan es siempre Nolan. El tercer eje es la búsqueda del realismo dentro de los propios límites del universo de la obra. Esto le lleva a conseguir unos efectos prácticos alucinantes en el Cíclope o en las transformaciones que realiza la bruja Circe. Pero también a quitarle presencia a los elementos sobrenaturales como, por ejemplo, el hecho de que los dioses no aparezcan en ningún momento, sino más bien sus manifestaciones en las tormentas, en el mar, o encarnen la culpa. Nosotros, igual que la gente de la época, reconocemos sus evidencias, pero sin verlos realmente.

Respecto al guion (creo que no hace falta explicar de qué va La Odisea, ¿no?), y por consecuencia el montaje, me han dejado sentimientos encontrados. Me encantan los habituales hipérbaton temporales de las películas de Nolan, que mediante esa estructura no lineal consiguen resaltar otros aspectos de la historia. Por ejemplo, primero conocemos a Odiseo (Ulises en su traducción al latín) de forma épica y divinizada a través del recuerdo de otras personas, y luego, poco a poco, lo vamos humanizando a medida que nos adentramos en sus pensamientos, recuerdos, dudas, remordimientos… Sin embargo, me parece que a partir de Tenet la cabeza superdotada de Nolan va a un ritmo excesivamente rápido que le hace comprimir demasiado la información y avanzar a base de elipsis. No hay momentos para dejar reposar las imágenes, ni los diálogos, ni para adentrarse en los propios personajes (fuera de Odiseo, el resto se quedan bastante planos y secundarios). El ritmo de tráiler puede ir bien para una escena de acción, pero cuando te lleva a desechar un plano bellísimo a los pocos segundos, no estás dejando respirar ni expresarse a las propias imágenes (¡cuánto tendrían que aprender algunos de Tarkovsky!). Pero como Nolan va tan sobrado en todo, derrocha hasta un reparto espectacular donde, por ejemplo, Zendaya o Mia Goth apenas tienen escasos minutos de gloria. Aunque, pensándolo bien, creo que después de Interstellar, no he vuelto a ver a personajes femeninos realmente trabajados en una película de Nolan (no estoy diciendo que actúen mal, porque, por ejemplo, Anne Hathaway lo hace de maravilla como Penélope, pero su personaje tiene una profundidad y protagonismo en el poema de Homero que el guion de la película no le permite). Y en la polémica de Helena de Troya mejor no me meto. En fin, me parece que Nolan, al querer explicar demasiadas cosas, pierde profundidad tanto estética como argumental. Yo prefiero que la película dure 4 horas a que desaproveche su potencial. De hecho, hay escenas que se pasan muy por encima, como los gigantes, el monstruo del acantilado o las mismas sirenas (aunque es muy interesante la interpretación que hace del canto de estas). Pero bueno, esto también se podría justificar diciendo que Nolan le quita importancia al viaje exterior para centrarse en el viaje interior de Odiseo.

La Odisea - Caballo de Troya


A nivel de coherencia tampoco me acaban de cuadrar algunos aspectos de la batalla final, en contraposición con el mensaje que quiere transmitir la película. Aunque la última escena sí que me parece que mejora el final del libro. Y también hay algunos diálogos en los que cuesta mantener la atención por la velocidad de cortes en los plano-contraplano, salpimentados con insertos discontinuos de flashbacks u otras imágenes. En fin, parece que Nolan quiere que veamos sus películas varias veces.

Ahora bien, a pesar de estas pegas, la película me ha gustado muchísimo, y principalmente ha sido por su mensaje. Mientras la veía, no podía dejar de preguntarme acerca del sentido que tiene una adaptación cinematográfica de La Odisea cuando el libro de Homero es una maravilla. Y creo que la respuesta está en volvernos a acercar a toda esa riqueza atemporal que contiene el mito, al tesoro cultural, filosófico y moral que ya tenían los griegos y que de forma cíclica parece que se nos olvida. Porque, aunque a Nolan a veces le falle el coser diversas escenas, es un gran traductor de ideas a imágenes.

El mensaje es tan potente como actual: la guerra se carga la civilización, nos hace peores, trae consigo anarquía, muerte y destrucción. Cuando la humanidad se salta la ley de los dioses (la moral, que diríamos hoy), las consecuencias son devastadoras. Y como esto se repite cada dos por tres en la historia de la humanidad (quien hubiese dicho que en menos de un siglo volveríamos a estar al borde de otra guerra mundial), La Odisea siempre tiene y tendrá algo actual que decirnos. El mensaje antibélico viene bordado principalmente por el tema de la culpa. Odiseo no vuelve de Troya creyéndose un héroe, sino un asesino. De hecho, vemos versiones muy distintas de lo sucedido en Troya cuando lo cuenta Menelao (de forma mucho más épica) que la narración de Odiseo (mucho más cargada de remordimiento y culpa). Porque Odiseo es un personaje 100% nolaniano, que arrastra tanto el peso de la culpa y la responsabilidad por lo que ha hecho, como Oppenheimer o Batman, como por el tiempo que no ha podido estar en casa, con la familia, como Cooper en Interstellar, Cobb en Origen o los soldados de Dunkerque. Odiseo siempre buscaba la batalla justa, incluso avisando a los animales antes de cazarlos. Sin embargo, en Troya mintió, no avisó a nadie e incluso se saltó la ley de Zeus masacrando la ciudad. Y luego su orgullo le llevó a eternizar su viaje de vuelta a casa.

La Odisea - Batalla de Troya


Puede que el momento más potente de la película (y aquí voy a desvelar una escena, aunque esto tampoco os va a arruinar el visionado) sea cuando descubrimos que Atenea (interpretada por Zendaya) realmente toma el rostro de una chica inocente decapitada en Troya. Esta idea es tan potente como profunda. El único dios al que vemos en toda la película toma el rostro de la víctima; Dios se encarna en la víctima inocente. Por contraposición, el gran guerrero, Agamenón (que viene a ser el culpable político de la guerra), nos niega su rostro bajo ese casco enmascarado (muy a lo El Caballero Oscuro, por cierto). El culpable se esconde, no tiene rostro, pero la víctima sí lo tiene, y es el que usa Dios para encarnarse (el paralelismo bíblico es evidente). Y esa culpa, ese rostro, es el que persigue a Odiseo. La decapitación de un inocente implica la decapitación de lo divino, de la moral, de la civilización humana.

Por suerte, el corazón humanista de Nolan termina con un mensaje de esperanza, con Odiseo y Penélope partiendo hacia la luz, conscientes de que después de una puesta de sol siempre hay un nuevo amanecer, con la fe de que su hijo podrá reconstruir la civilización destruida. Esto es lo que nos toca a nosotros también: dejar de escondernos en el olvido evasivo de la flor de loto, buscar los trozos destruidos de la barca de este mundo y dar un salto de fe que nos haga navegar hacia casa, creyendo en que la buena, bella y verdadera humanidad podrá resurgir de sus cenizas como un ave fénix.


Daniel
22/07/2026