EL DRAMA

¿Conoces de verdad a tu pareja?


Crítica El drama: ¿conoces de verdad a tu pareja?

¿Hasta cuánto estarías dispuesto a perdonar por amor? ¿Hay verdades que el amor no puede soportar? ¿Hay aspectos del pasado de una persona que es mejor dejar enterrados y que no se deberían decir nunca? En torno a estas interesantísimas preguntas se arremolina la nueva obra de Kristoffer Borgli, El drama, película de la cual, cuanto menos sepas de su premisa, con más fuerza te vendrá encima su gran giro narrativo. Así que del argumento solo me limitaré a esbozar que la película arranca como una comedia romántica de Woody Allen, en la cual Emma y Charlie están preparando su boda, hasta que un día, tras unas copas de más, Emma revela una cosa que cambia todo por completo. A partir de ese momento, la comedia se tiñe de drama ácido e incómodo al más puro estilo Yorgos Lanthimos (incluso con tonos negros y verdes), hasta acabar desembocando en Melancholia de Lars von Trier.

El reclamo principal, por supuesto, son sus grandísimos actores: un perfecto Robert Pattinson interpretando a Charlie, sobre el cual recae prácticamente todo el peso dramático de la cinta, y una excelente Zendaya (Emma) que, si bien queda un tanto eclipsada por su compañero, cumple de forma remarcable con su papel. También hay que destacar la actuación de Alan Haim (Rachel), como villana en la sombra.

Pero si la película solo se apoyara en sus actores, tarde o temprano se vendría abajo. Sin embargo, Kristoffer Borgli no se queda atrás con la puesta en escena. Si en Dream Scenario ya nos mostró de forma notable una gran metáfora del mundo digital y de la cultura de la cancelación, con un Nicolas Cage dándolo todo, un interesante uso del lenguaje cinematográfico y un guion desbordante de ideas locas, aquí tampoco se queda corto. Voy a destacar tres elementos que me parecen que elevan la película por encima de la media. El primero es el uso de elipsis agresivas para mantener un buen ritmo narrativo y hacer que la película se te pase volando. El segundo es el extraordinario recurso visual que utiliza para poner en imágenes los pensamientos de los personajes, intercalando planos rápidos, de manera que podamos contraponer lo que ven y lo que piensan. Y el tercero, la utilización del zoom para cargar emocionalmente sobre uno de los personajes en escena.

La película también gira bastante sobre sí misma, con varias referencias a escenas pasadas y anticipación a sucesos posteriores. Un ejemplo claro es el plano con el que abre la película (una oreja) y el uso del sonido en esta primera secuencia. O también el personaje de la DJ (cuando veáis la película, entenderéis ambas referencias).

Aun así, tengo que advertir que es una película que, a medida que avanza, se vuelve cada vez más incómoda e incluso, a según qué espectadores, se les puede hacer dura. Yo, de hecho, tras el gran plot twist, no he sido capaz de disfrutarla como una comedia, ya que para mí el drama pesaba demasiado. Y la secuencia de la boda es realmente ácida. Seguramente unas raíces más humanistas y esperanzadoras hubieran nutrido un mensaje más positivo. No me extraña que esté producida por Ari Aster. El tema de cuánto conocemos realmente a las personas que queremos, y hasta cuánto estaríamos dispuestos a perdonarles por amor, es realmente interesante, y creo que todos saldríamos ganando si nos planteáramos seriamente qué peso tiene la sinceridad en las relaciones humanas, especialmente con aquellas con las que compartimos nuestra vida. Sin embargo, la película carga bastante más el lado negativo de la balanza, enfatizando la desconfianza y la paranoia (por el hecho de sobrepensarlo todo) que se genera tras una revelación inesperada. ¿No es el perdón la prueba más grande de amor a una persona? Sin embargo, lamentablemente, en la sociedad actual muchas veces se empieza la casa por el tejado, y se entrega el cuerpo y el corazón a una persona antes de conocerla en profundidad, y sin llegar a racionalizar si realmente me conviene esa relación. Y entonces es cuando en unos segundos una frase puede destrozar la cercanía y la confianza construida en años. Por eso dice Pep Borrell que los novios tienen que hablar, hablar, y si les queda tiempo, hablar. Todo el rato y de todo, para que luego no haya sorpresas. Porque es peligroso y doloroso anclarse emocionalmente a una persona sin conocerla de verdad. Antes de esto hace falta tiempo. Y en el momento en el que estás convencido de que has llegado a buen puerto (que tienes la certeza de que puedes compartirlo todo con esa persona, lo bueno y lo malo, la salud y la enfermedad…), entonces echas el ancla y de ahí no te mueves. Cuánto nos queda por aprender sobre el perdón, y descubrir que las personas pueden cambiar, que lo que nos define no son nuestros errores del pasado, sino el cómo nos levantamos de esas caídas.

La cena, El drama


Comentarios con spoilers y final explicado

Bueno, creo que me he ido un poco por las ramas reflexivas. Pero antes de cerrar la crítica, dejadme hablar de otros temas que aparecen, ahora sí con spoilers, y tratar también de darle una explicación al final. Es cierto que, aunque no es el tema principal de la película, la crítica a las armas va cayendo como una lluvia fina a lo largo de gran parte del metraje. Ciertamente, esta es una herida que sigue arrastrando la sociedad americana. Los tiroteos son un tema frecuente en sus titulares, y la legalidad de las armas en ciertos estados hace que esto, que a un adolescente europeo ni se le pasaría por la cabeza, para una persona inestable y alineada se presente como una opción al alcance de su mano. Sin embargo, más allá de esta crítica que es muy evidente y sobre la que hay poco discutir, me parece que detrás se esconde otra que es mucho más interesante y sutil. Y esta es que hay ciertos temas que rápidamente etiquetamos porque están mediáticamente demonizados, mientras que hay otros que, pudiendo ser incluso peores, les damos poca importancia y pasamos por alto. Porque, ¿qué es peor, planear un tiroteo y no realizarlo, o encerrar durante 24 horas a una persona con discapacidad (que debido a su condición podría haber muerto!!)? Y lo que cuenta el personaje de Charlie tampoco anda muy lejos, porque el bullying fue precisamente lo que llevó a Emma a planificar el tiroteo. Pues me parece que en esta crítica también incide la película, mostrándonos cuán hipócritas somos al juzgar severamente ciertas acciones que tenemos etiquetadas (y esto no quita que sean terribles), y darle poca o ninguna importancia a otras, o a lo que nosotros hemos hecho.

También la película nos refleja lo rápido que juzgamos, mostrándonos cómo cambia nuestra percepción sobre Emma tras la fatídica revelación. La empezamos a ver como si pudiera ser una psicópata; tememos lo que pueda hacer con un cuchillo (como Charlie) antes de que realmente haga nada. Pero si analizamos objetivamente su actitud, Emma no tiene ningún indicio psicopático fuera de los pensamientos de Charlie. De hecho, aguanta mucho mejor que su prometido todo el peso de la situación.

Ya por último, el final realmente deja la puerta abierta a empezar de nuevo. Sin embargo, tampoco podemos asegurar que se trate de la realidad o forme parte del pensamiento de Charlie (ya que es igualmente inverosímil que alguien vaya a una cafetería con traje de boda y con la camisa manchada de sangre). Pero yo prefiero aferrarme a esa pequeña y esperanzadora posibilidad de volver a empezar. Porque si no, la película naufragaría en el pesimismo, y nos arrastraría consigo hacia las profundidades del drama nihilista. Así que, por tenue que sea el rayo de luz, yo tengo fe en la humanidad, y en que Charlie y Emma podrán superar este drama y reconstruir su relación desde las ruinas. Porque el amor siempre vence.


Daniel
01/05/2026