EL DÍA DE LA REVELACIÓN

La empatía salvará el mundo


Crítica El día de la Revelación: la empatía salvará el mundo

¡Qué gran suerte tenemos de que la edad de jubilación de los directores de cine no sea los 65 años (como la de los funcionarios en España)! Porque la película que se acaba de marcar Spielberg, con 79 años, es algo de otro mundo. Spielberg, ese director que ya desde sus inicios entendió que el cine puede ser una obra de arte y a la vez entretenido; que puede mezclar aventuras, suspense, ciencia ficción, realismo…, y siempre bien cargado de un mensaje humanista y esperanzador. ¿Quién no conoce la filmografía de Spielberg? Tiburón, E.T. el extraterrestre, Indiana Jones, Jurassic Park, La lista de Schindler, Salvar al soldado Ryan… Si es que todas estas historias ya forman parte del imaginario colectivo y tienen un puesto de honor en la historia del siglo XX. Pero, aunque las que ha estrenado en el siglo XXI no han tenido tanto calado, eso no significa que no sigan siendo igualmente grandes películas.

El día de la revelación va de un hacker (Daniel) que ha descubierto unos archivos que una empresa poderosa ha estado ocultando durante años, y quiere filtrarlos porque piensa que es algo que cambiará la historia por completo, y que la verdad pertenece a todo el mundo. Paralelamente, también sigue la historia de una presentadora de televisión (Margaret) que, de un día para otro, empieza a notar cosas extrañas, como que de forma inconsciente comienza a hablar lenguas que desconoce, o que puede percibir con mucha más claridad lo que piensa y siente la gente.

Spielberg sigue dirigiendo como si fuera un jovencito, sin escatimar en movimientos de cámara, planos secuencia o en poner la cámara en cualquier lugar y con el mejor ángulo posible para mostrar en escena todos los elementos que quiere usar en su narración. Es cierto que la puesta en escena está más al servicio de la narración y de mostrar todo lo que quiere mostrar con la imagen (para generar drama, suspense…), que de conseguir una fotografía y poética de alto valor estético (no estamos en La lista de Schindler, por ejemplo). Eso hace que a veces se abuse un poco de contraluces y colorimetría un tanto exagerada. Pero, por lo menos, se nota que Spielberg no deja ningún plano huérfano. Cuando tiene buenas ideas, destaca por sí solo, y cuando le faltan, maquilla los planos lo suficiente para que sigan luciendo bien.

Pero el aspecto que me parece realmente sobresaliente en esta película es el suspense. Hay especialmente dos secuencias tremendamente bien construidas: la persecución en coches, que puede ser la mejor de la película (y que ya arranca mucho antes con un espectacular plano secuencia que va desde que Daniel se aproxima a la casa hasta que entra en ella con el coche por un nuevo tipo de puerta), y la de los trenes (perdonad que no explique nada del contexto de estas escenas, pero así no destripo la trama). Estas escenas se cocinan a fuego lento, desde mucho antes de que arranque la secuencia de acción, preparando el terreno con el despliegue de todos los personajes, introduciendo elementos de tensión (como un cuchillo escondido…). Y luego se desarrollan poco a poco, se van cargando como una presa, para volcar finalmente toda la tensión acumulada en el desenlace de la secuencia. Vamos, como si juntaras a Hitchcock con el mejor cine de acción.




Las actuaciones de Emily Blunt (Margaret) y Josh O’Connor (Daniel) son excelentes, cargan gran parte del peso carismático de la película. Y la banda sonora de John Williams también es excelente. El guion es cierto que se toma varias licencias como película de aventuras que es (aunque también predomina el misterio), pero también nos acerca a la historia de una forma realista, sin excederse demasiado en la ciencia ficción o la acción épica. Siempre se muestra cercana a la realidad.

El desenlace, al igual que toda la película, también se toma su tiempo, para que el espectador vaya asimilando, pensando y reposando poco a poco todo lo que está viendo. No descarga el chaparrón y a otra cosa, sino que todos esos litros que han ido cargando las nubes durante la película los deja precipitar de forma larga y continua para que su mensaje nos cale hasta los huesos. Porque, sin ninguna duda, lo mejor de la película es su mensaje. Ese mensaje que cree profundamente en la humanidad y lo apuesta todo a la empatía.

Bueno, ya no me aguanto más, así que voy a seguir con spoilers (aunque muchas cosas, lamentablemente, ya las destripa el tráiler). Esta película es el Apocalipsis de Spielberg, que en griego significa literalmente “revelación”. De hecho, en la película se cita el Génesis, el primer libro de la Biblia. Pues aquí tenéis el último: el «apocalipsis según san Spielberg». Es el mensaje final que nos deja a la humanidad, esa nueva venida de unos seres superiores, sus alter deus, los aliens, que tan presentes han estado siempre en su filmografía. Aquí nos regalan el don para entender el universo mediante el lenguaje de la ciencia, las matemáticas, y el don de entender a los humanos mediante su verdadero lenguaje, la empatía, que va más allá de países y lenguas, y que es la única forma de conectar verdaderamente con las personas. Estos dones también conectan con las ideas clásicas de que el hombre suele guiarse más por la mente y la mujer por el corazón. Pero se necesita de ambos para salvar el mundo; uno tiene el mensaje y la otra la forma de transmitirlo.




Spielberg cree en todo aquello que hace mejor a la humanidad, y lo respeta profundamente. Como la religión, por ejemplo, tema que se aborda directamente en la película, principalmente desde el personaje de Jane. Jane no ha perdido la fe en Dios, pero sí la fe en la humanidad. Sin embargo, acabará descubriendo que la verdadera fe no es solo abrazar la cruz para combatir el mal, hasta el punto de llevar en la mano la misma herida de Cristo, sino que también implica creer en la humanidad. La pregunta que plantea la película no es tanto si seríamos capaces de aceptar una verdad tan categórica como la existencia de los extraterrestres, sino más bien si somos capaces de aceptar que hay alguien superior a nosotros que cree en la humanidad y nos llama a la comunión y a la fraternidad. Llámale Dios, llámale Extraterrestres, llámale Spielberg, llámale arte, llámale cine, o llámale como quieras. Pero escucha su mensaje, y escucha a la humanidad. Porque hay esperanza, y mientras haya esperanza habrá futuro.

Le han dado muchos palos a Spielberg por el final de la película, acusándole de dejarlo abierto porque no sabía cómo cerrarla. No creo que sea así. De hecho, la película está cerrada, y tal y como Spielberg quería, de la forma con la que su mensaje gana más fuerza. Si nos fijamos en el plano con el que abre la película (un subjetivo de un luchador de lucha libre recibiendo patadas en la cara, en los ojos) y el plano con el que cierra (Margaret mirando a cámara, mirándonos directamente a la cara, a los ojos, y diciendo “escuchad”), contraponiendo ambos, podemos descubrir el testamento que Spielberg quiere transmitir a la humanidad: que hay que pasar de la violencia a la escucha. He repetido varias veces que el cine de Spielberg es 100% humanista, que siempre ha creído y seguirá creyendo de forma esperanzadora en la humanidad, ya sea en la guerra, en un campo de concentración, en una familia que se desmorona, en un divorcio… Todas las películas de Spielberg creen en la humanidad. Y con El día de la Revelación, Spielberg nos muestra su arma para combatir la tercera guerra mundial: la empatía. Esta película es el ejército de Spielberg, una historia genial repleta de su imaginario con un mensaje que lo apuesta todo por la empatía. Porque la empatía es capaz de tocar los corazones; la empatía es lo que nos hace entender y conectar con las personas. La empatía, salvará el mundo.


Daniel
27/06/2026