Crítica Barbie: cuando el discurso se come a la película
No hay duda de que Barbie no es simplemente una comedia para adultos que pueden ver los niños. Algunos la verán como una comedia para colar mensajes ideológicos en la audiencia, otros como una gran estrategia de marketing que se sirve del feminismo para vender más, puede que alguno crea que es la película social más importante de la década... Y aunque yo he intentado verla como una película y fijándome en su lado artístico, intentando dejar de lado prejuicios y opiniones personales, al final mi espíritu perspicaz ha saltado haciéndome cuestionar no solo el mensaje sino también las intenciones y ética de la cinta.
Pero ya que esto es una crítica cinematográfica (aunque ya sabéis que mi parte analítica y mi parte filosófica se cuelan muchas veces en mis críticas), empecemos por los aspectos propios de este arte. Sin ninguna duda, lo mejor de la película (sin contar la espectacular campaña de marketing que han hecho, que probablemente sea de las mejores de la década) es el diseño de producción y la dirección de arte. Los decorados de Barbieland son espectaculares. Y mira que no es nada fácil conseguir un aspecto visual llamativo, fiel a los juguetes, y estéticamente agradable. El trabajo de atrezo también está perfectamente conjugado con todo lo anterior. Y el resultado es realmente bueno, porque tienes a actores humanos con decorados plásticos y ropa extravagante, todo perfectamente conjugado. Las paletas de colores también están muy bien cuidadas.
La parte musical de la película también está bastante bien. Las canciones y coreografías están muy bien conseguidas, especialmente la de los Ken que hay en el tramo final. Greta Gerwig también se nota que va mejorando como directora. Me gustaría destacar cuatro aspectos. El primero es el uso de las simetrías, que usa en varios planos de la película. Esto que puede resultar fácil cuando hay un personaje, lleva su trabajo cuando tienes que dirigir a varios actores en un mismo plano (por ejemplo, en los bailes). Me ha gustado especialmente la escena en la que los ejecutivos de Mattel se van pasando el mensaje unos a otros de que hay una Barbie en el mundo real. También es muy chulo a nivel visual el plano partido de la llamada telefónica donde los cubículos donde están los dos oficinistas cuadran perfectamente. El segundo aspecto es la fuerza que tienen algunos planos conjuntos, que estos sirven sobre todo para equiparar a dos personajes, o para mostrar la relación o jerarquía entre ellos. Por supuesto que hay muchos entre Barbie y Ken que Greta emplea de forma virtuosa, pero por destacar alguno diferente, me han parecido muy bonitos y a la vez que transmiten muy bien, los planos conjuntos entre Barbie y la abuela en la parada de autobús. El tercer aspecto es el manejo de elementos en varios niveles de profundidad (en primer plano, plano medio y tercer plano). Esto normalmente suele ser un indicio de madurez en la dirección, ya que mientras un director novato ya tiene suficiente con intentar encuadrar bien a un personaje, los buenos directores saben rellenar el plano con acciones en el fondo que más que para distraer sirven para complementar los sucesos. El cuarto aspecto es que Greta sabe adaptar el estilo de la imagen para mostrar realidades distintas. El más evidente es la diferencia de tonalidades entre el mundo real y Barbieland. Pero por ejemplo hay otras dos escenas que me han encantado donde la forma visual de la secuencia (paleta de colores, iluminación, contrastes) y el ritmo (y la música) también cambian con personalidad propia. Una es la magnífica parodia de 2001: una odisea del espacio con la que arranca la película. Y la segunda es la que se usa en los flashbacks en los que Barbie intenta recordar quien es su niña.
Y ya que es una comedia, hablemos del humor. Por lo general, la comedia absurda funciona muy bien. El problema viene cuando le da un poco de seriedad al asunto e intenta usar el humor como ataque. En este punto es cuando a veces la película da un poco de vergüenza ajena. También hay algunos “chistes” que en mi opinión sobran, pero entiendo que haya gente a la que le puedan parecer graciosos (por ejemplo, sobre los indígenas, judíos, chister verdes...). Los chistes absurdos y exagerados son muy divertidos, ya que la hipérbole permite distanciarnos de la realidad y reírnos de cualquier cosa. Pensad por ejemplo en el humor negro (en Barbie no está presente, pero como ejemplo me sirve), que cuando es exagerado es muy gracioso, pero si se usa para reflejar una realidad o como burla, pierde toda la gracia. La mayor parte de la comedia de Barbie son punchlines, aunque también hay alguna secuencia un poco más larga como la divertida escena de la persecución en Mattel. Y también se usan algunos metachistes que funcionan de maravilla.
Pasando a las actuaciones, la mejor sin duda es la de Ryan Gosling, que está espectacular, al nivel de La La Land. Es el personaje que mejor funciona de la película, y también el que tiene un arco más trabajado y que más evoluciona. Margot Robbie también hace muy buen papel dentro de las limitaciones que tiene como Barbie estereotípica. Pero luego hay personajes a los que no se les da importancia y sus historias no acaban de cerrar o cuadrar. Los dirigentes de Mattel no tienen ninguna importancia en Barbieland, y se podría haber trabajado un poco más su historia o darle algún sentido aparte de perseguir a Barbie, porque fuera del mundo real ya no pintan nada. Igual con la historia de la madre y la hija. Cuando están en Barbieland parece que sobra la hija, ya que no aporta nada relevante. Y con todo lo de recuperar el matriarcado queda de lado el conflicto verdadero que es la relación entre la madre y la hija. Después hay personajes como el de Allan, que aparecen sin ningún valor narrativo, y tampoco evolucionan. Y por no mencionar a la Barbie embarazada, que sale para que se rían de ella y se le deja totalmente de lado, sin que aparezca luego en los bailes, o en la revolución matriarcal. Para que luego digan que el matriarcado no discrimina a nadie.
La primera hora de película funciona muy bien (quitando algunos chistes). Muestra dos extremos, el mundo utópico sin necesidades (agua, comida) de Barbieland, donde las Barbies lo hacen todo (no sé si se puede llamar un matriarcado, porque realmente no hay política en esta sociedad, ya que no hay problemas ni cosas en las que ponerse de acuerdo). Y después van a un mudo real totalmente opuesto (y por lo tanto también exagerado) que funciona todo al revés. Esta primera mitad de película funciona de maravilla, porque a nivel cómico todo es exagerado y estereotipado, a nivel visual está todo muy contrastado y es muy original, y a nivel narrativo es una novedad constante y tiene un ritmo muy bueno. De hecho, me he quedado con ganas de ver más de Barbie y Ken viviendo en el mundo real, ya que hay muchas otras cosas que podrían haber descubierto allí (la pobreza, el amor, los bebés y niños pequeños, la muerte, las enfermedades, la política…), porque parece que para Greta Gerwig el único problema del mundo o la única explicación para todo es el patriarcado. Me ha faltado un poco más de Encantada de Disney.
Cuando vuelve Ken a Barbieland es muy divertido ver cómo lo cambia todo (espectacular Mojo Dojo Casa House), pero después cuando Barbie quiere restaurar el matriarcado, la película empieza a decaer. Porque a partir de ese momento intenta ser más seria, con mucho discurso feminista y algún monólogo que se hace largo. Cuando la película se toma en serio a sí misma y cree que puede ser un manifiesto feminista además de una comedia, el mensaje se come a la película y el guion se empieza a caer a pedazos. Porque hay muchas cosas que sencillamente no se sostienen, igual que las ideas que intenta transmitir. Es una lástima que la que podría haber sido la película del año, se deje absorber por cuestiones ideológicas que acaban devorando la película. Porque de hecho, el feminismo que sostiene es un feminismo simplón, utópico y sin fundamento, que solo pude funcionar en Barbieland, donde no hace falta comida para alimentarse, ni agua para ducharse, ni autoridad que defienda las calles, ni enfermedades que curar, ni pobres que atender. El feminismo que propone Greta Gerwig se basa en que cada una pueda ser lo que quiera y que la mujer sea el centro de atención, no por sus méritos, sino por ser mujer. Vamos, lo que tanto critican del supuesto patriarcado, pero con mujeres. Y es precisamente por la insostenibilidad de estas ideas que hay tantas tramas que quedan abiertas: ¿cuál es el papel del hombre en esta sociedad?, ¿cómo aplicarán los ejecutivos de Mattel esto al mundo real?, ¿es suficiente querer ser humano para serlo realmente? Todo esto, por supuesto tiene que dejarlo abierto, porque no puede responderlo. Y es precisamente por esto que el final acaba tan de golpe, con algún discurso que mágicamente arregla todo y fueron felices y comieron perdices. O caviar, porque vamos, parece ser que estas Barbies solo tienen problemas del primer mundo. Aunque bueno, también hay que decir que algún mensaje positivo tiene, como el que hay que quererse y conocerse a sí mismo primero para poder amar a los demás. Si quería ponerse profunda, la película podría haber explorado temas como el amor, qué nos hace humanos, el papel de cada uno en la sociedad, el sentido de la vida… Porque las dudas existenciales de Barbie acerca de la muerte también parecen ser solucionadas por arte de magia con el matriarcado. Bueno, me parece que tampoco es necesario argumentar mucho más, porque es evidente para todo el que haya visto la película que Barbie no defiende el verdadero feminismo, y que en la segunda mitad, las intenciones de la directora (y su marido Noah Baumbach, que también está de guionista) se cuelan de forma demasiado abrupta desestabilizando el guion de la película.
Antes de terminar, me parece que puede ser una reflexión interesante el pensar si está bien que películas que se venden como “para todos los públicos” contengan mensajes ideológicos tan marcados. Porque aunque por supuesto para Mattel el hecho de que salga una película que asocie Barbie con el “feminismo” les supone una campaña de marketing increíble, pero la intención de esta película no es (o al menos no es solo) vender Barbies, por lo menos para Greta y Noah. Ya sabéis que a mí me parece bien que un director intente transmitir un mensaje (aunque no esté de acuerdo con el mensaje), siempre y cuando no tenga que sacrificar estética en pos de la idea. Pero una cosa es hacerlo en una película que va dirigida a un público más maduro, y otra es en un blockbuster familiar que va a ser vista por millones de niños. Porque comparado con Barbie, lo que hace Disney se queda muy corto. Y aquí es cuando a mí las cosas me empiezan a chirriar. A mí me parece que cuando se califican las películas, no solo se tendría que tener en cuenta si las imágenes que aparecen son apropiadas para los niños, sino también si los niños deben recibir ciertas ideas o mensajes de forma tan directa. Por ejemplo, es como si planteo una película para niños donde el comunismo es el único sistema económico que hace felices a las personas y muestro que todo lo que se oponga a él nos hace tremendamente tristes y se tiene que eliminar (algo así como Rebelión en la granja pero al revés). Esto no deja indiferente a nadie, y se puede quedar en el subconsciente de un niño y moldear su forma de pensar. Si no echad la vista atrás e intentad recordar escenas e ideas de películas que visteis de pequeños y se os han quedado grabadas. Seguro que al cabo de un rato os sorprendéis de la cantidad de películas que recordáis. Porque el arte es capaz de dejar una huella en el espectador muy profunda. Pero algunos me dirán, hay países donde el comunismo está muy bien visto y a todo el mundo le parecerá bien. Pero creo que por principios éticos no se debería hacer. Aunque por supuesto, en nuestra sociedad dominada por el relativismo moral, la calificación de edad de las películas pierde todo el sentido, primero, porque muchas veces es ignorada tanto por los padres como por el personal de las taquillas del cine, y segundo, porque no hay un consenso objetivo. Sin irnos más lejos, solo hay que ver la calificación de Oppenheimer, que mientras en Estados Unidos tiene una R (Restricted, para mayores de 17 años) en Francia es para todos los públicos.
Por otro lado, tampoco me parece bien restringir o censurar contenido (en este caso en el que estamos hablando de mensajes ideológicos, es muy distinto el caso en el que el contenido mostrado es inmoral). No estaría de más avisarlo en los cines o el tráiler o el póster de la película. También iría bien que páginas como IMDB que tienen una guía para los padres de prácticamente todas las películas incluyan algún apartado de mensajes transmitidos. Aunque de lo que sí estoy convencido es que la responsabilidad última recae sobre los padres, que deberían ser conscientes y revisar el contenido que ven sus hijos. Y repito, no creo tampoco que los padres deban evitar que sus hijos vean estas películas, sino que puede ser muy formativo verlas con ellos y discutir luego los temas e intenciones presentes en la película. Así en vez de confundidos saldrán con las ideas todavía más claras.
Bueno, resumiendo, me parece que Barbie empieza siendo una muy buena película y que si la directora no se hubiese dejado arrastrar por otras intenciones que manchan el arte, hubiese sido una gran película. Así pues, el ganador absoluto del Barbenheimer es Christopher Nolan, que aunque Oppenheimer ha tenido menos éxito en taquilla que Barbie, a nivel cinematográfico no cabe duda que es muy superior.
Daniel
18/09/2023
