Crítica Backrooms: una apertura hacia nuestro interior
Cuando me dijeron que Backrooms la había dirigido un youtuber de 20 años, me quedé a cuadros. Es cierto que en los últimos años hemos tenido varios casos de éxito de jóvenes youtubers que revientan la taquilla con películas de bajo presupuesto (a ver si las productoras aprenden la lección y empiezan a darle más oportunidades a la gente que quiere arriesgar con ideas nuevas). El caso más destacable, en mi opinión, es el de los hermanos Philippou, con las maravillosas Talk to me (2022) y Bring her back (2025), aunque la reciente Obsession de Curry Barker también tiene ideas muy interesantes, a pesar de que le falta desarrollo y solidez. Y ahora llega Kane Parsons con su extraordinaria Backrooms.
De la serie de YouTube a películaComo está habiendo cierta confusión y muchas comparativas al respecto, creo que es importante empezar aclarando que una cosa es la serie de vídeos que publicó Parsons en su canal de YouTube Kane Pixels, y otra muy distinta la película que ha levantado, por mucho que lleven el mismo nombre. De hecho, el amigo Kane tampoco es el inventor de las backrooms (si os interesa la historia, en YouTube hay varios vídeos muy interesantes que explican cómo se desarrolló todo este fenómeno a partir de la publicación de una foto en el foro anónimo de 4chan).
La intención y los medios utilizados en una serie de YouTube son muy diferentes a los que se pueden conseguir con una película. De entrada, el contenido de Kane Pixels estaba prácticamente descontextualizado, sin trama ni personajes; era prácticamente un documental objetivo. En cambio, la película le da mucho peso a los personajes, su historia y su contexto, buscando el drama y conseguir la identificación con el espectador, que nos involucremos en ella de forma subjetiva. Hay pocos o ningún paralelismo en los vídeos originales, apuntando de alguna manera que las backrooms eran algo prácticamente ajeno a nosotros. En la película, en cambio, no deja de buscar el paralelismo con la experiencia humana desde su arranque, ya sea por la vía psicológica o por la alegórica. Renuncia a algunos aspectos para ganar en otros. En el canal de Kane Pixels, el misterio y el terror nacían del desconocimiento y la incomprensión. En cambio, en la producción de A24, el interés crece a medida que vamos reconociendo e hilando en nuestras mentes aspectos de las backrooms con los recuerdos y la psique de los personajes. La película, al poner peso sobre los personajes, sus dramas y traumas, hace que las backrooms ganen fuerza en cuanto a un reflejo de ellos, perdiendo así parte de su misterio original como ente autónomo en sí mismo (que también tiene su importancia en el largometraje, aunque al final la balanza se acabe decantando más hacia los personajes). Esto no significa que los vídeos o la película sean mejores que el otro, sino que funcionan de forma distinta, en contextos distintos, con formatos contrapuestos (no puedes comparar ver un vídeo desde el móvil con una película en el cine). Una foto en internet hizo que surgiera la pregunta, YouTube la expandió ampliando su contenido, y la película se ha aprovechado del fenómeno para reformular la pregunta en otra dirección, acercándola más a la experiencia humana mediante la psicología y la estética.
Por si alguien ha aterrizado por aquí en pañales, empecemos esbozando primero una idea de qué son las backrooms. Las backrooms son un espacio incartografiable, una realidad incognoscible, aunque con elementos reconocibles, un espacio liminal, de transición (como un pasillo), donde el tiempo y el espacio funcionan de forma distinta. Un reflejo perturbado de la realidad, que se parece, pero que claramente tiene algo que no está bien. Como repiten varias veces en la película, es “como si a alguien que nunca ha visto un perro le explicaras qué es un perro y tuviera que dibujarlo”.
¿Y de dónde viene el terror en todo esto? Pues del simple hecho de que son una arquitectura deshabitada, sin sociedad, sin humanidad. No son un sitio en el que permanecer y habitar, sino espacios de transición, pasillos y puertas que no nos llevan a ningún lado, donde solo puedes seguir avanzando porque nunca llega el punto y final… Un limbo, un quedarse a medias, en la nada, suspendido sin llegar a ninguna parte. Y esto transforma esas habitaciones con elementos reconocibles en algo desconocido y misterioso, incluso tenebroso e inquietante.
Aun así, aunque la película tenga 3 o 4 escenas de terror (algunas de ellas fuertes), lo que predomina principalmente es el misterio y el drama. La historia se centra en Clark (Chiwetel Ejiofor), un “arquitecto” que en el sótano de su tienda de muebles descubre una puerta de acceso a las backrooms, y su psicóloga Mary (interpretada magníficamente por Renate Reinsve, la excelente actriz a la que ya vimos brillar de forma extraordinaria en Sentimental Value). Y de la historia prefiero no contar nada más para no destriparla. Pero ya os avanzo que la película me ha encantado.
Backrooms tiene fragmentos de metraje en cámara en mano, y estos ciertamente hacen crecer la tensión y el terror. Transforman la escena en algo todavía más misterioso, realista y cercano. En un mundo en el que nos hemos acostumbrado a imágenes de ultra alta definición, el terror analógico nos devuelve ese miedo ante la realidad. Por eso la mayor parte de las películas de la última década que realmente me han hecho pasar miedo pertenecen al subgénero de los falsos documentales (mockumentaries) o metrajes encontrados (found footage).
La banda sonora es un generador constante de tensión. La escenografía es brutal, con los diferentes tipos de backrooms. La fotografía extraordinaria, como ya nos tiene acostumbrados A24 (aunque, por destacar algo, aquí me parece excelente la idea de usar planos donde el techo y el suelo tienen mucha presencia para generar esa sensación asfixiante). Y aunque el guion tiene ciertas conveniencias, creo que se las podemos dejar pasar.
Otro gran acierto de la película es introducir toda la trama psicológica, lo que nos abre también a ese pasado manchado por los traumas que arrastran los personajes. Hay elementos que puede parecer que están introducidos para aparentar más profundidad, o para que la gente piense que son metafóricos, en una historia que realmente va de las backrooms y ya. Yo personalmente no creo que sea así, y lo podemos desglosar un poco más en la parte con spoilers. Aunque tampoco pienso que sea necesario conectarlo todo, ya que hay elementos que sencillamente son una fuente de misterio y ya. Porque, a mi parecer, el mayor acierto de la película es el dejar más cosas abiertas que cerradas, el no tratar de dar explicaciones, el suprimir la racionalización para dejar espacio al espectador.
No sé si Backrooms es una obra maestra o no. Pero lo que es seguro es que es una película por la que el espectador puede transitar. Puede avanzar e ir descubriendo nuevos elementos y teorías. Sin llegar a ningún lado, como en las propias backrooms que no tienen final. Pero crean un espacio abierto.
Bueno, ahora sí, intentemos arrojar algo de sentido sobre el significado de las backrooms en la película (sobre el sentido particular en esta obra, que no significa que el concepto backrooms en general siempre haga referencia a lo mismo). En la literatura, la mayor parte de las veces que aparecen sótanos, pasadizos secretos, laberintos…, suelen hacer referencia a nuestro subconsciente, a la psique de algún personaje. Y seguramente esta película vaya en la misma línea. El paralelismo entre estos laberintos y el interior de la mente de los personajes salta a la vista prácticamente desde el inicio del metraje.
El cerebro humano sigue siendo uno de los elementos más misteriosos e incomprensibles para la ciencia. Y al igual que dice el investigador al final sobre las backrooms, entenderlas puede ser la tarea más importante y difícil de la humanidad. Pero nunca entenderemos plenamente el interior de una persona sin haber estado dentro. Por eso Mary (la psicóloga) no puede formular de forma precisa el problema de Clark hasta que entra de verdad en las backrooms.
Las backrooms también pueden ser una metáfora de los espacios abiertos por las heridas, por los traumas, que te meten en una espiral en bucle que te encierra en ti mismo y de la que difícilmente se puede escapar. También hay un momento en el que Clark dice que son cada sitio en los que alguna vez ha estado. Son recuerdos, aunque distorsionados. Y al igual que los recuerdos, te puedes alimentar de ellos, o ellos se pueden alimentar de ti, atrapándote, devorándote. Esto tampoco es incompatible con la teoría de que son un ente en sí mismo, que va aprendiendo y creando a partir de los recuerdos de las personas que entran.
Pero intentemos entender un poco mejor a los personajes para ver si podemos arrojar algo de luz sobre el final. Por un lado, tenemos a Mary, una psicóloga que intenta sanar en los demás heridas que no ha conseguido cerrar en ella. Mary arrastra todavía consigo ese trauma, ese trozo de piedra de la casa de su infancia que fue demolida (de su niñez perdida). Aunque su verdadera herida es el haber vivido con una madre con problemas mentales que la encerraba en casa, esa pseudo-backroom que ella viene arrastrando, y tanto le hace anhelar una ventana por la que escapar. Clark, tras la separación, también vive en su propia cárcel solitaria, la tienda de muebles. Pero él, en cambio, no quiere salir de su prisión, y al final decide quedarse dentro de su laberinto, con su versión oscura, su pirata, que eventualmente acaba devorándolo. Clark prefiere su versión oscura porque no quiere cambiar ni reconocer que no tiene razón, que él es el problema. Mary, en cambio, acepta que ha estado fracasando porque intentaba ayudar a otras personas mientras no podía ayudarse a sí misma. Esto marca la diferencia en el desenlace de ambos personajes: Clark prefiere no aceptar sus errores y no cambiar, porque es más cómodo, y por eso no sobrevive, su maldad le devora a sí mismo, mientras que Mary reconoce sus errores, su debilidad, y eso le permite encontrar una salida y sobrevivir. Pero para ello antes tendrá que romper ese trozo de piedra que arrastraba con ella.
A la vista de todo esto, hemos podido destacar varios elementos que encuentran en las backrooms un reflejo de la mente de Clark. Quizás toda la película no es más que una alegoría de una sesión suya en el psicólogo, donde tanto él como la psicóloga intentan explorar el interior de su mente. Y en esta línea también puede que el final sea la propia psicóloga acudiendo también a terapia, para intentar sanar su pasado. O puede que todo esto simplemente sea una teoría, ideas que me han ido viniendo durante el visionado, pero que tienen poco o nada que ver con la visión del director. Sinceramente, no importa. Porque lo fundamental es lo que he comentado al final de la crítica sin spoilers: Backrooms es una película que crea un espacio abierto, que abre unas preguntas para entablar un diálogo con el espectador, que le deja transitar por su interior y explorar sus recovecos y, sobre todo, que nunca agota sus laberintos, para que el espectador siempre pueda volver a esta maravillosa película, y seguir explorando el interior de su mente y sus entrañas.
Daniel
25/06/2026
