AVATAR: FUEGO Y CENIZAS

Una defensa de lo que nos hace humanos


Crítica Avatar: fuego y cenizas

Una defensa de lo que nos hace humanos

Se ha vuelto a repetir la historia: Avatar ha llegado otra vez para salvar la taquilla cinematográfica. Pero también para enfrentar con fuego y cenizas a todo el fandom contra los críticos de cine. Porque igual que pasó con la entrega anterior, todos los críticos “serios” y “académicos” le han vuelto a dar de palos a James Cameron. Sin embargo, yo os voy a ser sincero: siendo objetivos, la película tiene varios problemas serios, pero aun así me ha gustado mucho, es muy entretenida y disfrutable, y conserva unas raíces muy buenas. Pero vayamos poco a poco, que la película es larga.

¿De qué trata Avatar: fuego y cenizas? Pues básicamente es más de lo mismo, Jake, Neytiri y sus hijos intentando salvar su planeta de los humanos capitalistas y destructores. Pero por si no tenían suficientes problemas, ahora llega también la tribu de las cenizas para atacarles, que vienen a ser los indios de Pandora.

Como en las comidas siempre es mejor dejar lo mejor para el final, empecemos aquí también exponiendo primero los problemas. El más grave de todos es, sin duda, que el guion es de primero de primaria. No para de repetir siempre la misma fórmula que en la película anterior. Persecuciones, atrapan a algunos, los van a salvar, y vuelta a empezar. Hasta el final, donde se reúnen todos los ejércitos del mundo con todos los fuegos artificiales disponibles, se crea una batalla epiquísima donde se acaba tensando el drama hasta el extremo con todas las dificultades habidas y por haber, y al final, deus ex machina que lo soluciona todo. Porque sí, la película está plagada de deus ex machina (para los que no estén habituados a este término, viene a ser solucionar las cosas por arte de magia y de forma poco verosímil). Si no, fijaros, por ejemplo, en lo de la máscara del niño (Spider). Cameron, de hecho, es consciente de que haces trampas, por eso intenta darle a estos hechos un peso en la trama. Porque solo faltaría que, además de guardarse comodines bajo la manga, acabara perdiendo la baza. En fin, que el guion es tan simple, y se estiran tanto los problemas (porque ciertamente los malos siempre tienen un ejército mucho más numeroso, con muchas más armas y más de todo), que la única forma de que los buenos se salgan con la suya es hacer trampas con el guion. El deus ex machina casi que es la única forma de que la trama pueda avanzar.

Bueno, ahora que ya me he desahogado un poco, en el siguiente punto seré un poco más benevolente. No sé si tiene sentido hablar de lenguaje cinematográfico en una película como Avatar: fuego y cenizas, porque Camero ciertamente nos está llevando a un terreno que va más allá del cine (esto no quiere decir que sea más o mejor que el cine, sino que es un terreno nuevo que debemos discernir si es una plusvalía o una minusvalía artística). Este ir más allá no es solo por el 3D, o por las imágenes infinitamente más nítidas y limpias que la realidad, o ese digitalismo videojueguil donde la poca realidad que queda se diluye entre lo virtual. Es un modelo audiovisual que se sale de lo canónico; es más una experiencia que una estética, una inmersión que una contemplación. Te hace partícipe de una historia y un mundo con una dialéctica que se basa en lo que ves, los elementos que aparecen en el plano, animales, personajes… La cámara no le aporta nada a la imagen, es la imagen la que te habla directamente a los sentidos. De hecho, el poco lenguaje cinematográfico que utiliza es ese zoom corto y rápido en plano descriptivo, que cada vez que lo veía me entraban ganas de darle a Cameron una buena colleja educativa, de lo mal empleado que está. Pero dejando todo esto de lado, creo que lo que tiene que quedar claro de esta nueva puesta en escena, que ya empezaba a sobreabundar en Avatar: el sentido del agua y aquí se lleva un paso por delante, es que estamos en un campo que está más allá de lo cinematográfico, un nuevo planeta por explorar, y que valdría la pena estudiar con más detalle sus formas y posibilidades, para ver si supone un progreso o un regreso en el campo del arte. Ciertamente, el cine en 3D fracasó porque no fue capaz de encontrar un lenguaje que ampliara positivamente la estética cinematográfica. Y como lo que le restaba a la película era más de lo que le aportaba, los cineastas rápidamente se dieron cuenta de que era preferible dejar morir este formato. Bueno, todos menos uno. James Cameron parece empeñado en sacar un ave fénix de las cenizas de ese fuego, y realmente las tres películas de Avatar me parece que solo tienen sentido ontológico en este formato tridimensional (y en HFR), aunque todavía queda camino por recorrer para llegar a una auténtica semántica y un léxico nuevo.

Bueno, volvamos a aterrizar en Pandora. El mundo y las imágenes de Avatar: fuego y cenizas son espectaculares. También hay momentos en los que consigue imágenes de gran belleza, tanto en planos abiertos con grandes elementos naturales y animales inmensos, como en planos más cerrados con un uso extraordinario de agua y/o el fuego. Las escenas de acción son geniales. Los personajes del hermano, la hermana y Spider están medianamente bien trabajados, ya que tienen su merecido desarrollo, protagonismo y conclusión. No obstante, igual que dije en la segunda parte, el punto fuerte y sentido de Avatar reside en recuperar todos esos valores que nos hacen humanos, como la familia, la trascendencia, el ecologismo, el respetar y acoger al que es diferente, el amor a la naturaleza y a la vida…, revestirlos de muñecos azules de 3 metros y ponérnoslos en una pantalla gigante con efectos guapísimos para que seamos capaces de verlos con ojos nuevos. Porque realmente los problemas que nos muestra en Pandora también los tenemos o hemos tenido en nuestro mundo.

En esta tercera parte se hace especialmente evidente el paralelismo que hay con varios elementos bíblicos y de la tradición cristiana. Hay momentos de la película (no os digo cuáles para no hacer spoilers) que están claramente inspirados en el sacrificio de Abraham, la primera comunión, la concepción virginal (sin intervención de varón) de un/a mesías, la oración, la comunión de los santos… Y también hay paralelismos que provienen del wéstern, como la asociación que se puede hacer entre la tribu del fuego y los indios salvajes: sus poblados en tiendas, la brujería, el cortar cabelleras… De hecho, la primera aparición de estos es en el ataque a unas “diligencias” voladoras.

Un último punto positivo es que gran parte del drama venga por conflictos familiares, ya sean esposos-hijos o esposo-esposa. Esto le da más peso y sentido a la trama, y es de lo que más me ha conmovido, junto con las escenas de la oración desesperada de la hija por ser escuchada por la diosa Eywa, y el final de la película.

Añado algún comentario más con spoilers, para el que quiera entender mejor el final. Me ha parecido curioso que la diosa Eywa tenga un rostro medio humano. Aparte del guiño a 2001: una odisea del espacio, una explicación puede ser que los dos personajes que la ven, la hermana y Spider, ambos tienen ADN humano, a pesar de ser también medio Na’vis. Por eso, puede que Eywa, que al final viene a ser la conciencia del planeta, se adapte a quien la ve. También es curioso que sean ellos dos, que son medio humanos, quienes consigan un contacto más profundo con ella. Otra cosa que me ha gustado mucho es que Cameron haya puesto toda la carne en el asador en la batalla final, y deje bastante cerradas las historias, por si recapacita y sale del bucle de películas de Avatar. Aunque ciertamente también ha dejado una puerta abierta a otras partes, ya que no vemos morir a ninguno de los malos malísimos en la película, y perfectamente puede pasar que la de las cenizas recoja al coronel antes de que este caiga al fuego. Aunque si realmente ha muerto, ¿quiénes somos nosotros para impedirle a Cameron usar otro deus ex machina y resucitarlo otra vez? Ya por último, si bien el final es conmovedor, Cameron lo echa todo a perder con ese terrible zoom out rápido que te corta toda la emoción. En fin, ya me callo que si sigo rascando, seguro que encuentro más defectos.

Resumiendo, Avatar: fuego y cenizas es una película de obligado visionado por su magnitud y peso (especialmente económico) en el mundo del cine. Y por sus valores y la experiencia, ya vale la pena pagar la entrada. Aun así, siempre nos quedará esa espina clavada de lo que podría haber sido en manos de un gran guionista, porque ciertamente el mundo de Avatar tiene todo el potencial para crear una saga a la altura de El Señor de los Anillos o Dune, pero la falta de unas buenas novelas de base hace que esta repetitiva historia que Cameron va construyendo sobre la marcha no alcance la profundidad que una verdadera obra de arte requiere.


Daniel
07/01/2026